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La exposición al ruido de corta duración y gran intensidad (explosiones, disparos de armas de fuego) puede producir como manifestación aguda la pérdida repentina de la audición o trauma acústico.
El odontólogo y el ruido
Los trabajadores de la salud están expuestos a variados riesgos de tipo físico, químico, biológico y psicológico (3). Los odontólogos en particular tienen otros riesgos diferenciales, dentro de los cuales está la exposición al ruido.
Chowanadisai y colaboradores (1) investigaron y reportaron en el 2000 la prevalencia y naturaleza de algunos problemas de salud relacionados al odontólogo. En una muestra de 178 odontólogos de edades entre los 22 y 54 años del sur de Tailandia, encontraron que el problema de salud más frecuente fue el dolor músculo esqueletal (78%) y la injuria percutánea (50%). Además hallaron que el 22% de los encuestados había presentado dermatitis de contacto relacionada mayormente a los guantes de látex, 15% experimentó problemas oculares y 3% refirieron problemas de audición.
El uso rutinario y frecuente de la pieza de alta velocidad en odontología data de 1950 aproximadamente. Y desde hace algunas décadas, bajo evidencias de daños en la audición de los dentistas, se han realizado muchos estudios para intentar determinar una relación de tipo causa - efecto entre los niveles de sonido y daño en la audición en los odontólogos (19)
Existen indicios de que muchas veces, el profesional expuesto a este tipo de riesgo laboral se acostumbra al ruido y no es consciente de que puede estar causando un daño irreparable en su audición. Generalmente la pérdida de audición es una combinación de la edad y el uso de turbina. La sordera está relacionada con el oído del lado en que se utiliza la pieza de mano (9)
El ruido también provoca estrés, fatiga, pérdida de capacidad de reacción y comunicación que pueden ser causa de accidentes y contribuir a la aparición de problemas circulatorios, digestivos y nerviosos.
Analizando el riesgo
A pesar de que la edad del odontólogo y su susceptibilidad a presentar problemas de audición relacionados con su desempeño laboral representan un rol muy importante en el análisis de los factores de riesgo, se debe también tener en cuenta la intensidad y duración del ruido, así como la distancia entre el oído y la fuente del sonido.
A pesar de las implicancias éticas de evaluar y medir in vivo posibles efectos negativos de un estímulo, se han realizado variados estudios en relación a este tema, encontrándose suficientes indicios para establecer que la exposición prolongada al ruido que producen las turbinas de uso dental repercuten negativamente en la salud del oído humano.
A continuación se resumen los principales hallazgos encontrados en la literatura:
Está demostrado que el uso de piezas de mano de alta velocidad, cuyos motores realizan un promedio de 300,000 a 400,000 revoluciones por minuto, está relacionado con la posibilidad de sordera inducida por ruido (6).
Zubick y colaboradores (17) realizaron en 1980 una prueba de audiometría a 137 odontólogos y a 80 médicos. Al comparar los resultados, se evidenció que los médicos tienen mejores niveles de audición, sobre todo en el rango de 4000 Hz. Además, se encontró que el oído izquierdo de los odontólogos derechos mostró un nivel menor de pérdida auditiva, relacionada presumiblemente a su mayor distancia con la fuente de sonido. Dentro de los odontólogos, se encontró niveles similares de daño en la audición en el grupo de especialistas, al compararlos con los odontólogos de práctica general.
Man y colaboradores (20) analizaron en 1982 el efecto de las turbinas de alta velocidad en la audición de los odontólogos. Primero establecieron a través de un cuestionario los dos modelos de piezas de mano más utilizadas y el tiempo promedio de uso diario en Tal Aviv. Luego se midió el ruido emitido por estos instrumentos a una distancia de 30 centímetros y se expuso a 20 sujetos al ruido de las turbinas durante un período equivalente al promedio de uso del odontólogo. Se encontró que el nivel de ruido producido no era motivo de riesgo de daño auditivo según las recomendaciones internacionales y que los efectos temporales en los sujetos eran nulos o insignificantes. De este modo, se concluyó que el riesgo a largo plazo del odontólogo al trabajar frente a esta exposición era leve.
Bahannan y col (5) realizaron en 1993 un estudio en el que registraron el sonido producido por una variedad de instrumentos rotatorios de uso odontológico bajo diferentes condiciones de trabajo y utilizando distintos instrumentos de corte como parte activa. Se encontró que existe mucha variación en los niveles de ruido producidos por los distintos equipos, asociándose los menores niveles con los micromotores de baja velocidad utilizados con contra ángulo y los mayores registros para los motores de laboratorio.
Altinoz y colaboradores (19) midieron en el 2001 la frecuencia de los sonidos emitidos por 5 modelos de piezas de alta velocidad, cada una de las cuales fue evaluada bajo 8 diferentes condiciones de trabajo. Primero se analizó el giro libre de las turbinas sin fresa y con 4 fresas de distintas formas ( fresa de fisura, fresa tipo llama, fresa redonda y fresa tipo cono invertido) Luego se registró el sonido de las piezas de alta velocidad simulando condiciones de trabajo. Se utilizó fresa de fisura sobre un bloque de amalgama, un bloque de resina y sobre una molar extraída. De esta manera se registraron 40 sonidos utilizando una computadora con un micrófono que era colocado a una distancia de 30 centímetros de las muestras. Se obtuvo una medida promedio de 6860 Hz y no se obtuvo diferencias significativas en las frecuencias registradas bajo diferentes condiciones de trabajo, ni entre los distintos modelos de instrumentos utilizados. Los resultados sugieren que bajo cualquier condición de trabajo, las turbinas dentales emiten frecuencias de sonido que pueden causar daño auditivo.
Otras evidencias
En contraposición, existen reportes que sugieren que la turbina dental no constituye una fuente de riesgo para la audición del dentista.
Así, Praml y colaboradores en 1980 (18) realizaron un estudio para estimar el riesgo de sufrir daños auditivos al utilizar turbinas dentales, encontrando en todos los casos niveles de sonido por debajo de los 85 dB. Además, se encontró niveles superiores a los 80 dB solo en un tercio de los registros, correspondiendo estos a turbinas dentales antiguas y en regular estado de conservación.
Del mismo modo, Rahko AA, y colaboradores en 1988 (14) examinaron a 234 dentistas y asistentas dentales con un audiómetro normal y un audiómetro de alta frecuencia bajo condiciones de trabajo estándar. No se encontró diferencias estadísticamente significativas entre los registros de los niveles de audición captados con ambos tipos de audiómetros y entre estos y los del grupo de control.
Se concluyó que no existen evidencia de que la exposición al ruido de las turbinas dentales y otros instrumentos de uso odontológico produzcan daño auditivo.
También encontramos el estudio de Johansson y colaboradores de 1989 (12) que buscó determinar si la práctica odontológica constituye un riesgo de sordera inducida por ruido, se realizó un control longitudinal en 68 odontólogos a los cuales se les efectuó dos pruebas de audición y se encontró que la diferencia en los niveles de audición grupal al inicio y después de 15 años no era estadísticamente significativa.
Estas evidencias se contraponen con lo reportado en diversas investigaciones más recientes detalladas en el acápite anterior.
Implicancias en el ejercicio profesional
Además del daño potencial obvio sobre la salud del equipo de trabajo, el efecto negativo de las turbinas puede interferir además en el desempeño de las labores en el consulttorio odontológico.
McClellan (6) analizó la relación entre el ruido en el consultorio odontológico y sus efectos en la comunicación, midiendo el nivel de ruido en la oficina dental de un grupo de odontólogos estadounidenses y confeccionando un modelo de estimación de daño auditivo y analizando las interferencias del ruido en la comunicación.
Encontró que el ruido típico de un consultorio odontológico representa el 8 a 12 % de la energía acústica a la que un odontólogo se expone diariamente y que los niveles de ruido durante los procedimientos odontológicos resultan en un índice de articulación de 0.21 a 0.37, que corresponde a alrededor del 18% a 48% de las sílabas y a un 52% a 90% de las oraciones.
El índice de articulación (9) es un sistema desarrollado por Bell Telephone Laboratories en los 1940's y mide la inteligibilidad de un sistema de transmisión del habla. Puede tomar valores de 0 (completamente ininteligible) hasta 1 (inteligibilidad perfecta). Un AI de 0.3 o menor es considerado insatisfactorio, de 0.3 a 0.5 satisfactorio, de 0.5 a 0.7 bueno, y mayor a 0.7 de muy bueno a excelente.
Según esto, la investigación de McClellan (6) demostraría que el ruido de un consultorio dental promedio interfiere notablemente en la capacidad de entendimiento de los actores, es decir, el odontólogo, el asistente dental, el paciente, etc.
Debemos tener presente estas evidencias, pues conocemos la importancia de la comunicación en los distintos procesos que realizamos cotidianamente.
Prevención y tratamiento
Hinze y colabotradores (2) recomiendan el uso de tapones de oídos con el fin de atenuar la intensidad y frecuencia del ruido. Además establecen la utilidad de mantener una posición adecuada de trabajo, intentando alargar en lo posible la distancia entre el odontólogo y el paciente.
Otros estudios (15, 17, 19) establecen que existe mayor seguridad en trabajar utilizando modelos de piezas de mano modernas y sometidas a las indicaciones de mantenimiento especificadas por los fabricantes.
Es pertienente considerar utilizar el uso de otros tipos de instrumentos alternativos a la turbina dental, como los sistemas de aire abrasivo o el laser, que para ciertos procedimientos odontológicos ofrecen resultados equivalentes sin el riesgo potencial de trauma acústico.
En referencia al tratamiento de estos cuadros de pérdida de la audición por exposición al ruido, Fabry (4) reportó que a pesar de que existen muchos adelantos que ayudan a mejorar la audición causada por exposición excesiva y continua a ruidos nocivos, éstos en realidad son se suelen limitar al uso de prótesis.
Es decir, en escencia no constituyen una solución al problema, pues no devuelven la audición perdida, sino que se enfocan principalmente en amplificar selectivamente los sonidos no percibidos por el paciente y en prevenir sonidos excesivos que alcancen niveles desconfortables.
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